UN AÑO DE MIERDA

Hoy, a pocas semanas que se termine el 2021, me siento a escribir estas líneas mientras pienso, siento y reflexiono en cada día, cada semana, cada mes vivido, mientras al tiempo me invade una avalancha de sentimientos y sensaciones que me abruman, que me ahogan, que hacen que las lágrimas fluyan sin contención y sin pensarlas. Este año ha sido literlamente UNA MIERDA!, y hubo momentos en los que toqué fondo, en los que me hundí en el abismo de la oscuridad y la desesperación, en los que sentí que ya nada tenía sentido y que las fuerzas me abandonaban y no podía seguir.

Fue el 22 de febrero de 2021 cuando mi corazón sintió uno de los dolores más inmensos que he sentido y que todavía me acompaña: punzante, vívido, lleno de aquel sabor amargo que te deja el hecho de que un pedazo de tu corazón se ha ido. Así, de pronto, sin aviso, sin despedida, simplemente se apagó su luz terrenal y se mudó hacia la casa celestial. De esas mudanzas que te dejan mal sabor de boca, de esas separaciones que te duelen hasta los huesos, de esa ausencia que te invade el alma. Así se fue mi tia Grettel, una de mis MIS TRES REINAS MAGAS y con ella se fue una parte de mí que todavía no he podido recuperar. Se fue con ella la niña consentida, la que siempre pensó que su tía era inmortal; se fue la niña que siempre le contaba cuentos para verla reir, la que creía en superhéroes porque los vía reflejados en ella. Se fue con ella la fantasía, la magia, la posibilidad de vivir en ese mundo subreal en donde todo es posible y los sueños se vuelven realidad. Se fue con ella un pedazo de mi vida, de mi historia, de mi esencia y en su lugar quedó un vacío tan profundo, tan triste, tan desolador.

Sin embargo, MIS TRES REINAS MAGAS siempre me enseñaron que hay que seguir adelante, a pesar de las vicisitudes de la vida, «te caes y te levantas», metes el cuerpo, metes las manos, metes las rodillas y te levantas. Unas veces con más cicatrices que otras, unas veces con más dolor que otras, unas veces con más aprendizaje que otras, pero lo único inmutable de esta vida es que no se detiene, siempre sigue, girando y girando sin parar. No hay tiempo para rendirse, hay que seguir adelante. Y así, teniendo en cuenta estas enseñanzas, teniendo el ejemplo de estos ángeles que Dios puso en mi camino para que me criaran, seguí adelante. Sin embargo, ya nada me parecía igual, tenía esa sensación de pesadumbre, de tristeza que me invadía por ráfagas.

Estando en ese letargo, tratando de terminar de ponerme en pie y seguir el camino, la vida tenía otra prueba preparada para mí a la vuelta de la esquina.

A pocos meses de la partida de mi tía Grettel, mi mamá se comenzó a sentir mal, hasta la fecha se lo atribuímos a la vacuna contra el COVID-19 pero no hay nada científicamente comprobado. Tampoco estoy diciendo que estamos en contra de la vacunación, ni nada por el estilo. Al contrario, acá era situación de «palo porque sí y palo porque no». No sé si les he contado alguna vez pero mi mamá sufre de fibrosis pulmonar idiopática desde hace algunos años; diagnosticada definitivamente en el 2018, por lo que vacunarse para ella era una prioridad, dado los antecedentes del nefasto virus. Sin embargo, a pesar de los ires y venires del destino y del terrible pronóstico de la enfermedad, la misma había sido bastante benevolente y mi mamá podía hacer su vida cotidiana sin mayores inconvenientes. Tal vez disminuyendo un poco la marcha de su habitual energía del 1000% y descansando un poco más, pero siempre activa y llena de vida.

El 12 de abril le pusieron su segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19 y a partir de allí nada volvió a ser igual. Comenzó a sentirse más cansada, le faltaba el aire, tosía más de lo habitual, hasta que finalmente un sábado de mayo, temprano en la mañana, amanecí preocupada por ella, sabía que no se había estado sintiendo bien y fui corriendo a su casa. Cuando llegué la encontré sentada en el sillón de su sala con el teléfono junto a ella- ¿Qué haces aquí?- me preguntó. – Vine a verte, estaba preocupada por ti– le contesté. Ella me miró y me dijo que justo había cogido el teléfono para llamarme porque no se sentía bien. La conexión entre nosotras siempre ha sido fuerte, no me extrañaba que pudiera sentir lo que le estaba pasando.

Me acerqué a ella y la vi pálida y sudorosa. Le dije: Nos vamos enseguida al hospital. – Cuando la levanté del sillón y dio unos pasos, se me desvaneció. Con un poco de dificultad la pude meter en el carro y salimos a toda prisa para la Urgencia del Hospital. Al llegar la atendieron enseguida, su saturación de oxígeno era baja, la frecuencia de su ritmo cardíaco estaba alta, en fin, estaba totalmente descompensada. Inmediatamente le pusieron oxígeno, le dieron medicamentos y lograron estabilizarla. Los doctores decidieron pasarla para UCI para poder observarla más de cerca y monitorearle la respiración y el corazón. Todo parecía tan confuso, tan irreal.

La primera semana estuvo llena de zozobra, estábamos ante la presencia de una situación totalmente desconocida para mí. Ella: mi roca, mi refugio, mi soporte, mi compañera, mi amiga, MI TODO!!, la única de mis MIS TRES REINAS MAGAS que me quedaba en la vida, estaba en peligro. Los doctores no daban a ciencia cierta con lo que estaba pasando, lo cierto es que el más mínimo movimiento hacían que la saturación de oxígeno bajara a niveles críticos, tanto que le tuvieron que colocar una cánula de alto flujo para que pudiera recibir el oxígeno necesario para su cuerpo. Estaba en cama, no podía pararse, no podía ir al baño, no podía valerse por sí misma. Así transcurrieron los días, hasta que finalmente la sacaron de UCI y la subieron a Sala, allí estuvo otra semana pero seguía muy débil.

Recuerdo cuando el doctor me dijo que tendriamos que comprar un concentrador de oxígeno para tenerlo en casa, para mí fue algo impactante, pero el saber que ella estaba con vida me daba las fuerzas necesarias para hacer lo que sea que los médicos me pidieran. Equipamos el cuarto y llegó el momento de la salida del hospital. Tuvimos que trasladarla en ambulancia porque no había forma de llevarla en carro sin tener los tanques de oxígeno portátiles. Al llegar a casa, estaba tranquila, sin embargo estaba muy débil, no se sentía bien del todo.

Al día siguiente tuvimos que salir en ambulancia de regreso al hospital, mi mamá se había sentido mal; otra vez tenía taquicardia y la oxigenación muy baja. Al llegar al hospital fue todo tan rápido que cuando pienso en eso lo recuerdo como entre neblinas, como una pesadilla de la que no quiero volver a acordarme jamás. Yo estaba junto a ella, de pronto se comenzó a complicar, los doctores y personal médico de Urgencia vinieron a rodear su cama, una enfermera me dijo: Debe esperar afuera – mientras me sacaba del recinto. Cerraron las cortinas del cubículo en donde la estaban atendiendo. Yo desde afuera de la puerta de Urgencia miraba por las ventanillas y encontré una rendija que habían dejado entre las cortinas. Vi como todos corrían de un lado a otro, de repente más barullo, trataban de reanimarla, usaban el respirador manual, sentí que me desvanecía.

No pude ver más, una enfermera se dio cuenta y cerró la cortina en su totalidad, yo no podía dejar de llorar, tuve que correr a sentarme para no caerme al piso del dolor, era más fuerte que yo. El llanto era incontenible, pensé lo peor en mi mente, traté de tranquilizarme y recobrar fuerzas. Cuando sentí que ya podía levantarme fui nuevamente a asomarme a la puerta de Urgencias, enseguida salió el médico tratante y me comentó muy por encima que habían tenido una complicación pero que ya la habían estabilizado. Nuevamente la enviarían a UCI.

En un segundo pasé de ver el abismo más oscuro a ver un rayo de esperanza, ella estaba viva, estaba conmigo y eso era lo más importante. Dios nos había dado otra oportunidad.

Pasaron los días lentamente, finalmente salió de UCI a una habitación normal y poco a poco se fue sintiendo un poco mejor. No sé si era que realmente se sentía mejor o que la comida en el hospital era tan mala que ella ponía todo de su parte para salir lo más pronto de allí. Al cabo de unos días estábamos de regreso en casa.

Al prinicipio todo fue ensayo y error, todo era nuevo, diferente, estábamos aprendiendo a vivir una nueva vida con mi mamá y ella también aprendía de golpe sus limitaciones. No fue fácil, muchos cambios en poco tiempo y como todo cambio trae siempre ese rechazo propio del ser humano. Sin embargo, fuimos resilientes, mi mamá la primera, poco a poco fue mejorando, aprendiendo qué podía y qué no podía. Siempre con la mejor actitud, el mejor ánimo y una sonrisa en su rostro. Por supuesto que habían buenos y habían días malos pero ella nos inspiraba a seguir adelante. Si ella podía, cómo no íbamos a poder nosotros?

Cuando ya casi teníamos dominado el tema del oxígeno, comenzaron las taquicardias a ser cada vez más intensas. Estuvimos una vez al mes visitando el hospital hasta que finalmente una combinación de medicamentos que recetaron los doctores dió en el clavo perfecto para ella.

Mientras tanto, seguíamos aprendiendo:

  • A vivir un día a la vez y disfrutarlo al máximo.
  • A orar con todas las fuerzas del corazón y tener fe en que Dios siempre nos sostiene de su mano.
  • A cuidar nuestra salud mental y saber que es bueno hablar con alguien, desahogarse. Sacarlo de tu organismo.
  • A apoyarnos y comprendernos los unos a los otros. Porque es muy fácil estar con una persona en las buenas pero es difícil estar con alguien en las malas.
  • A ser resilientes, todo en la vida sufre una transformación constante, incluso nosotros. Nuestra vida está llena de altas y bajas y debemos aprender a navegar cada ola, cada tempestad.

Para mí, definitivamente fue un año de mierda, pero al mismo tiempo fue un año muy revelador porque aprendí tanto en tan poco tiempo. Estuve en una profunda oscuridad y luego fui testigo como Dios me tendió su mano, como la Virgen María me abrigó con su manto como madre amorosa e intercedió por mi para que pudiera ver la luz, para que pudiera encontrar el camino de regreso y ambos, con su infinito amor y su misericordia me dieron las fuerzas que no encontraba para seguir adelante.

Definitivamente 2021 fue un año que quedará por siempre grabado en mi memoria, no sólo por todos los nefastos acontecimientos vividos, sino también por el contenido tan enriquecedor que me dio y las nuevas herramientas que he podido guardar en mi mochila para seguir avanzando en este camino llamado VIDA!!

3 comentarios sobre “UN AÑO DE MIERDA

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s